Medidas de seguridad en la farmacia: la videovigilancia y por qué es recomendable

Una pregunta recurrente es si las farmacias tienen obligación de tener cámaras de seguridad o videovigilancia. No hay una normativa nacional que obligue a ello, pero pudiera preverse en normativa autonómica, que será por tanto lo que habría de revisarse en cada momento. Pero, en caso de que no sea obligatorio, ¿es necesario?

En mi opinión es recomendable para tener una farmacia más segura frente a robos con intimidación, hurtos, amenazas, agresiones…., que suponen una merma en la cuenta de resultados y que no son problemas exclusivos de España (véase sobre robos y hurtos en farmacia inglesa, @inmariu http://gestiondelafarmacia.blogspot.com.es/2012/01/robos-en-farmacia-inglesa.html).

No debe olvidarse que las cámaras pueden (aunque prefiero decir deben) tener dos grandes destinatarios: los clientes/terceros y los propios empleados:

1. Clientes/ terceros. Las cámaras de seguridad son disuasorias para amenazar, insultar, agredir pero, sobre todo para cometer robos o hurtos. Lo cierto, es que las farmacias, cada vez más, tienen los productos al alcance de la mano de los consumidores como reclamo y estrategia de venta, lo que favorece el incremento de dichas conductas delictivas. Por eso, una farmacia moderna debe tener esas cámaras, que no van a impedir los hurtos, pero sí van a conseguir que disminuyan o no sean tan frecuentes. En este sentido es muy importante tener las cámaras bien enfocadas a las zonas que el titular considere más susceptibles de quedar afectadas, pero no debe olvidar enfocar también a aquella zona donde vaya a estar él o sus empleados trabajando y, por tanto, donde puedan ser objeto de algún acto de agresión, amenazas o insultos.

2. Empleados. A priori puede parecer que se criminaliza a los empleados, pero no es así: la gran mayoría son ejemplos de honradez. Sin embargo, lo cierto es que en variadas ocasiones he tenido que aconsejar a titulares en casos en los que eran los empleados quienes robaban productos, metían la mano en la caja registradora o sencillamente no contabilizaban ventas. La diferencia entre disponer de unas buenas cámaras que puedan probar estos hechos o no tenerlas es, salvo otro tipo de pruebas, la diferencia entre conseguir un despido procedente o pagar la indemnización de uno improcedente. Además. la certeza de los hechos grabados permite tomas de decisiones rápidas, menos dolorosas y, en la mayoría de los casos, la finalización del conflicto en un menor tiempo. El mismo argumento vale para casos de acoso entre empleados, amenazas o intimidaciones.

¿Y qué cámaras hay que poner? En materia de cámaras de seguridad hay variadas opciones: grabado permanente, grabado sólo cuando se activa una alarma o grabado nocturno (programado). Además, se puede tener contrato con una empresa que se encarga de las cámaras, de su mantenimiento y que incluso accede a las imágenes, o tener las cámaras en propiedad. En todos los casos se debe disponer de contratos ajustados a la LOPD con aquellos que accedan a las imágenes (ya sean empresas de seguridad o informáticas). Por otro lado, existen las cámaras que no graban, sino que solamente actúan como una televisión reproduciendo en tiempo real lo que ocurre en la farmacia sin que se registre o archive dato alguno. Cada farmacéutico titular debe evaluar cual de todas las cámaras que ofrece el mercado se ajusta más a las necesidades de su farmacia, porque no hay una solución igual para todos los casos.

Finalmente, un hecho que ha de tener en cuenta el boticario a la hora de decidir si pone o no cámaras de seguridad es la ventaja económica que pudiera tener al negociar el precio del seguro de la farmacia, que podrá ser inferior al disponer de medidas de seguridad adicionales.

El copago, el dato económico y su afectación a la protección de datos en la farmacia: el caso de las residencias de ancianos

Hasta ahora en las residencias de ancianos se recogían las recetas que prescribían a sus mayores, se entregaban a una farmacia para su dispensación y como los titulares de las recetas eran de pensionistas no se pagaba nada. A lo más se giraba una factura a la residencia si se compraban productos no financiados. Se trata este de un servicio que da la residencia y que evita que cada mayor tenga que salir con sus recetas a comprar su medicación.

Con la entrada en vigor del copago, cada residente tendrá un gasto farmacéutico que se deberá cobrar por el farmacéutico y que será diferente según el anciano. Pero, ¿cómo se debe hacer esto para que no haya problemas con la Ley de Protección de Datos? Si la residencia paga al tiempo de recibir la medicación, siendo ella la encargada de la gestión de las recetas, no hay problema, pero no puede afirmarse lo mismo cuando haya que girarse recibos y facturas, ya sea a la propia residencia o a los residentes.

En este último caso existen dos grandes opciones:

1. La farmacia dispensa las medicinas y para gestionar el cobro abre una ficha personal a cada anciano, ya sea en el programa de la aplicación farmacéutica o en otro programa creado “ad hoc”. En ella, además de los datos personales se incluiría el número de cuenta bancaria donde girar el gasto farmacéutico. Esto supone que de forma periódica el farmacéutico debe hacer una factura global del paciente y girar el importe. Aquí la residencia sólo interviene para llevar las recetas a la farmacia y para llevar el medicamento al residente.

2. La farmacia dispensa los medicamentos pero se factura a la residencia, de modo que sea ésta quien repercuta el gasto a los residentes de acuerdo con la factura que emita el farmacéutico, que deberá desglosar el gasto de cada paciente. En este caso toda la gestión de cobro la hace la residencia y la farmacia únicamente dispensa las recetas, debiendo quedarse con siguientes datos: el nombre del residente y la aportación, además de los productos dispensados, para incluir en la factura que a la farmacia le paga la residencia.

Es un hecho que el farmacéutico no se va a librar de emitir facturas con nombres de los residentes, gasto en que se ha incurrido e importe que han de abonar como aportación, ya sea emitidas a nombre de cada residente o una global a la residencia. Por eso que es importante que toda la gestión con la residencia quede bien protocolarizada desde la perspectiva de la protección de datos. Esto significa podemos estar, de modo simplificado, ante los siguientes escenarios:

1. Contrato anciano-residencia con autorización de cesión de datos. El anciano al tiempo de entrar en la residencia, ya sea personalmente o a través de tutor, firma un consentimiento informado de que sus datos van a ser cedidos a una farmacia en concreto con la finalidad de la gestión de sus recetas y medicamentos, y en el mismo deberá dejarse claro que será la botica la que emita los recibos correspondientes al importe de la aportación de la medicación que se ha dispensado. Esto implica, por tanto, que la residencia cede los datos, incluida la cuenta bancaria, a la farmacia, que tendrá que hacer los recibos y deberá llevar al banco para su cobro. A la vez, en el contrato entre residencia y anciano deberá hacerse constar el encargo a la residencia de la gestión de las recetas (llevada a la farmacia y recogida de medicamentos). Aquí hay un riesgo evidente de impago de facturas o de devolución de recibos.

2. Consentimiento del residente a la farmacia. Puede ocurrir que la residencia no haya pedido ese consentimiento informado o no quiera solicitarlo. En ese caso, la farmacia tendrá que pedirlo uno o por uno a cada residente, puesto que de otra forma no podrá tratar el dato económico-bancario para poder girarles la factura. No vale aquí la exposición al público de que se están tratando los datos económicos puesto que, sin entrar en otras disquisiciones, los residentes no son los que van a la Farmacia, se trata de consentimientos personales y no se garantizan los derechos ARCO. Por otro lado, en el mismo consentimiento que se hace en la farmacia deberá hacerse constar que el residente autoriza a la residencia a que gestione sus recetas y medicamentos en esa botica.

3. ¿Y qué pasa si el anciano no da el consentimiento a la residencia o a la farmacia para dar ese dato económico? Pues en este caso no cabe la opción de que se giren recibos o se cargue en la cuenta bancaria del anciano el importe de la aportación de los medicamentos dispensados y, por tanto, tendrá que ser el propio residente, los familiares o tutores, o incluso la residencia los que deberán encargarse de ir a la farmacia y recoger las medicinas prescritas. En el caso de que lo haga la residencia pueden a su vez producirse dos circunstancias, que pague directamente a la farmacia cada vez que recoge los medicamentos o, por el contrario, que la farmacia emita a la residencia una factura por el importe total de las aportaciones de las medicinas dispensadas y, para ello, necesita el dato del nombre del paciente y aportación y, además, el dato bancario de la residencia si se van a pasar recibos, debiendo todo ello constar en un contrato.

Y qué es lo mejor. Pues cada caso es diferente y las relaciones con las residencias difieren mucho unas de otras, así que la decisión es totalmente personal y todas pueden ser buenas. Lo único cierto es que el dato económico de los ancianos se va a tener que tratar directa o indirectamente por lo que, aprovechando la situación y dado que en muchos casos se tendrán que firmar contratos o consentimientos, se me ocurre que puede ser un buen momento para que las farmacias aporten un valor añadido a las residencias prestando sus servicios (diferentes a la mera dispensación de recetas), entre otras cosas y, por ejemplo, implantando sistemas de dosificación personalizada, que permite una óptima adherencia al tratamiento.

¿Puede tener la farmacia una página web?

Es una buena pregunta y tiene una difícil, o por lo menos, controvertida y compleja respuesta, que puede variar según normativas autonómicas, estatutos y reglamentos colegiales, por lo que el contenido de este post no es una respuesta absoluta a la pregunta que se intenta responder y, por tanto, es exclusivamente mi opinión personal.

No hay duda que la farmacia puede vender parafarmacia a través de Internet con otro nombre y, generalmente, en estos casos, la facturación va contra una sociedad mercantil separada de la farmacia. En estos casos la sección de parafarmacia, a través de esa sociedad, está abierta 24 horas, 365 días al año y para eso no precisa de autorización previa de sanidad, ni de los Colegios Profesionales. Nótese que en este caso no se pueden vender medicamentos.

El problema real surge con las farmacias que quieren mantener su nombre en la página web (incluso en el dominio), generándose de inmediato las siguientes preguntas: ¿tener página web se puede considerar publicidad? y, ¿vulnera la normativa farmacéutico-sanitaria?

Hace unos días me decía mi buen amigo @fjmataro que la normativa sanitaria siempre va por detrás de la realidad. Y es verdad. Si estudiamos la normativa sanitaria no encontraremos que esté prohibido (ni permitido) tener página web pero, tampoco se regula la presencia en las redes sociales (Facebook, linkedin, Twister…), posiblemente porque ambas cosas son “modernas” y la forma o estructura de la farmacia y su normativa reguladora sigue los principios y cánones del tiempo anterior a la era 2.0. Sin ánimo de crear controversia sobre este tema, la problemática de si se puede tener o no página web debe abordarse desde varias perspectivas, dependiendo del contenido de la página:

1º Si sólo se incluye información general (a modo de páginas blancas o amarillas: es decir, nombre de la farmacia, dirección y teléfono) En este caso entiendo que no hay publicidad y, por tanto, es posible tener la página web puesto que es una forma de dar acceso a información básica sanitaria a la población. Sería el equivalente a las páginas amarillas o listines telefónicos, que no se cuestionan cuando se incluyen sólo datos identificativos de la farmacia. Lo que se hace en este caso es volcar el contenido tradicionalmente en papel al soporte digital online.

2º Si en la página web se incluye información más completa, es decir, además del punto anterior se añade la carta de servicios (como que se asesora en nutrición, parafarmacia, que tiene un horario continuado, que se hace atención farmacéutica…), en este caso los Colegios Profesionales pueden considerar que es publicidad y tendría el mismo tratamiento que si se pone esa información en las páginas amarillas, en una revista profesional, en un cartel de fiestas o en un calendario. No debemos olvidar que, al fin y al cabo, la página web es una herramienta para posicionarse en el mercado y que es altamente efectiva si está bien hecha, ya que es un anuncio puesto 365 días al año, durante 24 horas, accesible desde cualquier punto de España (y extranjero).
En estos casos, mi recomendación es que, antes de publicar la página web, se revise primero si hay normativa autonómica sobre el particular (por ejemplo sí existe en Galicia) y, también, si el Colegio Profesional al que se pertenece tiene, ya sea en sus estatutos o reglamentos, alguna limitación para la realización de la publicidad. En ocasiones habrá que solicitar autorización y ello por la especial consideración que tiene la farmacia en la normativa actual. Además, hay que hacer una consideración importante, esta regla se aplicará aunque la farmacia tenga un dominio diferente al nombre del titular de la botica (por ejemplo, si la farmacia se califica con el nombre del barrio en el que está situada, o la calle o del edificio conocido, etc)

3º Si la farmacia además utiliza la web como plataforma de venta (nunca para medicamentos, puesto que está prohibido por la Ley de Garantías y Uso Racional del Medicamento) se aplicaría la misma regla anterior y, además,hay que hacer especial hincapié en que se vele por la aplicación de la Ley de Servicios de la Sociedad de la Informacion y de Comercio Electrónico y de Ley Orgánica de Protección de Datos.

Finalmente, debe recordarse que la página web de la farmacia nunca debe usarse para publicitar fórmulas magistrales y que la publicidad de medicamentos y productos sanitarios tienen sus especialidades de acuerdo con lo previsto en la Ley de Garantías y Uso Racional del Medicamento, que han de ser respetadas.
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A vueltas con la nutrición en la Farmacia, el papel del farmacéutico y los test de diagnóstico genético.

Uno de los servicios profesionales que ofrece hoy en día la farmacia es el consejo en nutrición, siendo uno de los ejes sobre los que la nueva farmacia debe girar, pero sobre lo que todavía queda mucho que trabajar, tanto desde la botica como desde las instancias políticas.

Un análisis de la situación jurídica actual nos lleva a la Ley 17/2011, de Seguridad Alimentaria y Nutrición, que rompe una lanza a favor de la farmacia al considerarla cómplice necesaria, junto con el personal de atención primaria y las administraciones públicas, en la lucha contra la obesidad y los trastornos en la alimentación.

photo credit: Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires via photopin cc
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Es necesario reinventar la farmacia

Es un secreto a voces que las medidas adoptadas por los dos últimos Gobiernos (PSOE y PP) en relación con las farmacias han determinado una bajada importante en su rentabilidad. Los porcentajes de bajada en el último año, según diversas fuentes, rondan una media de un 25% y, mientras tanto, la farmacia sigue teniendo el mismo personal y las mismas obligaciones de pago. Esto hace que haya un pesimismo importante en el sector, que se acrecienta con las noticias desoladoras de la falta de liquidez de las administraciones para pagar la facturación de recetas.
Ante los importantes cambios que se están afrontando en la farmacia, los titulares han de despertarse y, como yo digo, reinventar la farmacia. No en vano, siguiendo al coacher @carlos_andreu “si sigues haciendo lo mismo todo seguirá como hasta ahora” Por ello no queda más remedio que ponerse nuevas gafas, recargarse de optimismo y empezar a construir la nueva era de la farmacia creando o rediseñando una nueva botica que no debe perder la referencia de su carácter sanitario.

Desde el punto de vista legal, ¿qué puede hacer la farmacia?
Antes de nada debemos recordar que el art. 84 Ley de Garantías y Uso Racional del Medicamento no limita la actuación de la farmacia a la mera dispensación de medicamentos, sino que abre el abanico de actuación mucho más: “1. En las oficinas de farmacia, los farmacéuticos, como responsables de la dispensación de medicamentos a los ciudadanos, velarán por el cumplimiento de las pautas establecidas por el médico responsable del paciente en la prescripción, y cooperarán con él en el seguimiento del tratamiento a través de los procedimientos de atención farmacéutica, contribuyendo a asegurar su eficacia y seguridad. Asimismo participarán en la realización del conjunto de actividades destinadas a la utilización racional de los medicamentos, en particular a través de la dispensación informada al paciente”.

Entonces, qué puede hacerse en la farmacia además de dispensar medicamentos y colaborar con la administración.

• Posiblemente, territorios casi perdidos como la alimentación infantil (leches maternales, potitos, etc) y otros alimentos serán difícilmente recuperables, pero no es imposible. Aquí las farmacias deberán implementar medidas para conseguir comprar a un precio competitivo. Lo mismo se aplica a la parafarmacia. Creo que si la diferencia de precio no es excesiva con la gran superficie, al final se compra en la farmacia porque, queramos o no, da mayores garantías de salud y está en el barrio.

• Hay fortalezas que tiene la farmacia española que tiene que comenzar a explotar económicamente. Siempre se ha tenido y se sigue teniendo confianza plena en el farmacéutico. El cliente le pregunta incluso sobre lo que ya ha prescrito el médico. Pues bien, el farmacéutico no puede asumir la función de prescripción del médico, pero sí puede ayudar al cliente en su relación con el médico y en el seguimiento de su tratamiento y sintomatología. Es decir, la atención farmacéutica es un servicio, que si bien hasta ahora se ha hecho para fidelizar, debe realizarse como una prestación de servicios sanitarios retribuidos, asumiéndose responsabilidades como establecimiento sanitario y, todo ello, en el marco de protocolos de actuación. En este sentido deberá haber unos honorarios establecidos y fijados. La ley no dice que estos servicios tengan que ser gratis y lo mismo que el dentista cobra, no se entiende por qué el farmacéutico que realiza una labor de asesoría y asistencia profesional, no puede cobrar, cuando sus funciones van más allá de la mera dispensación.

• Enlazando con el punto anterior, la farmacia debería tener una carta de servicios, es decir, poner por escrito los servicios que da y sus condiciones. Desde hace pocos años empiezan a pasar nutricionistas por la farmacia: eso es un servicio. Pero hay otros más, de los que también se puede sacar rentabilidad: no podemos olvidar la dermatología y la estética, la higiene, fitoterapia, homeopatía, la ortopedia, entre otras. Debe quedar claro cómo se ofrecen estos servicios y, el farmacéutico debe tener estudiado cómo conseguir rentabilidad.

• La dosificación individualizada, que traté en un post anterior, es un servicio que deberá ser retribuido y que es de indudable ayuda para el paciente mayor o polimedicado. Debería hacerse a demanda de cualquier paciente, no solo a través de residencias de ancianos. Pero los clientes deben saber que existe este servicio.

• También es importante la formación a través de conferencias, talleres, blogs, foros … en los que se puede contar con otras profesiones sanitarias (por razones de competencia profesional) e incluso laboratorios. Por ejemplo: hacer un taller para dejar de fumar, como mejorar la espalda o como optimizar los protectores solares, y todo ello en el marco de la atención del derecho a la salud.

• Por último, estamos en la era de la tecnología y ello también debe tenerse en cuenta en el negocio de la farmacia, Es importante tener presencia en Internet y aprovechar el posicionamiento para vender parafarmacia (ver un post anterior), volcar algunos de los servicios anteriores y dar consejo farmacéutico online.

Esta no es una lista cerrada, sino todo lo contrario, está abierta. La normativa sanitaria actual enlaza la farmacia con el medicamento y la salud, y en ese marco la farmacia se deberá reinventar, porque con la mera dispensación de recetas muchas farmacias son o podrán ser inviables económicamente. El farmacéutico es un profesional sanitario y él es el punto de inicio y apoyo para conseguir una nueva farmacia.