¿Me compensa traspasar o mejor espero a que todo mejore?

Ayer viernes estuve en la Notaría acompañando a un cliente en la escritura de la transmisión de su farmacia. Puede parecer que no son tiempos para hacer este tipo de operaciones, que la crisis no lo recomienda o que las perspectivas indican que es mejor esperar. Sin embargo no siempre es así y desde aquí voy a señalar tres casos en los que pienso que uno debe mover ficha, al margen de las circunstancias económicas del sector y las noticias farmacéuticas, que dicho sea de paso, son inciertas desde principios de los 90 (Al menos yo puedo atestiguar que desde 1992, año en el que comencé a trabajar en este sector, siempre ha volado la liberalización como amenaza inminente)

Un caso en el que siempre recomiendo la venta (o donación, depende) es de los padres a los hijos farmacéuticos, ya sea de todo o de parte de la farmacia. Hay que hacer cuentas y ver todas las condiciones que concurren en cada caso (edad de los padres y condición física, así como ganas de seguir en la botica, hijos y profesión que tienen, situación económica de la farmacia, personal…) pero siempre resulta positivo que los hijos se vayan haciendo cargo de la farmacia y comiencen a implantar nuevas formas de actuación en la misma, ya que queramos o no la farmacia está cambiando a velocidades de vértigo. Esto a veces no lo ven los padres y a los hijos les incomoda decírselo, pero lo cierto es que un buen asesor debe explicar todo lo anterior a sus clientes. Por mi experiencia, estas operaciones cuestan mucho tiempo, porque no sólo es la venta, sino también dejar todo lo demás (hijos, testamento, etc) bien atado, para que el farmacéutico que vende sienta y vea que está todo organizado a futuro, de acuerdo con lo que quiere.

Otro caso en el que hay que pensar en trasmitir, a pesar de las circunstancias, es cuando el titular es mayor de 65 años. Muchas Comunidades Autónomas exigen que con esa edad tengan que contratar a un adjunto. Pues bien, incorporar a un farmacéutico como copropietario y comenzar a transmitirle la titularidad es un buen consejo. Siempre digo a estos farmacéuticos mayores que hay un momento en el que hay que colgar la bata, al menos durante unas horas, y disfrutar, en la medida de lo posible, de la vida. Tener un copropietario da la tranquilidad de que el farmacéutico nuevo va a darlo todo por la farmacia, porque parte es de su propiedad parte del negocio depende de su buen hacer (es distinto a si está contratado) y, por otro lado, el titular obtiene un importe por la venta que le puede venir muy bien para disfrutar sus últimos años, jugar al golf sin preocupaciones de la hora o despreocuparse de las inspecciones y visitas de Sanidad, o hacer frente a algunas operaciones médicas. Al fin y al cabo, un farmacéutico mayor se ha ganado su derecho a disfrutar, y en eso creo que todos estamos de acuerdo, así que hay que ayudarle para canalizar ese bienestar. Luego hay que ver si tiene hijos o no, y ello influye en cómo hay que hacerlo. Si no tiene hijos es fácil, lo puede dejar todo bien agarrado para poder vivir bien, pero si tiene hijos, no debe olvidar que la venta de la farmacia es siempre, pero siempre, causa de líos en la herencia. En ambos casos, la operación no es tan simple como la venta, también hay que dejar organizado todo de cara al futuro y ahí entran los posibles herederos, ya sean hijos o no.

El tercer caso del que voy a hablar hoy es el del farmacéutico que no puede hacer frente a los pagos y facturas, tiene problemas de tesorería y cada día que se levanta de la cama se pone a temblar con lo que le depara el día. Pues bien, una farmacia es un establecimiento sanitario, pero también es un negocio privado (no hay que olvidarlo) y el farmacéutico tiene que tener claro que una cosa es la farmacia y otra su patrimonio. Esto último, que parece de perogrullo, es algo que en muchos casos no se valora ni tiene en cuenta: si todo su patrimonio avala la farmacia y esta no genera dinero el farmacéutico terminará mal, muy mal. Pues bien en estos casos vender, ya sea parte o toda la farmacia, supone una salida honrosa (aunque muchas veces dolorosa) Otra opción es acudir a contratos de cuentas en participación, pero como ya dije en otro post, estos contratos hay que hacerlos con cuidado y cautela porque siempre es la mejor solución. Independientemente de cómo se haga (venta o contrato de cuentas en participación) hay que tener también valorar variables importantes (deudas, proveedores, etc)

Concluyendo, en cada venta (o donación) hay que tener en cuenta muchos temas y la operación es mucho más compleja que encontrar comprador, la fijación su precio y la pura venta de la farmacia .

El farmacéutico, nunca debe olvidarse, que es ante todo una persona, además de profesional, y necesita que todo, que es más que el precio de la venta, quede bien estudiado y resuelto. Ha de pensarse en el futuro y en su bienestar. Nuestra misión como asesores es vender, resolver y dar tranquilidad al titular, tutelando también los intereses del comprador.

Isabel Marín Moral
farmaciayderecho@movistar.es

Quiero donar la farmacia a uno de mis hijos, pero ¿qué pasa con los demás?

Cuando el titular de la farmacia decide jubilarse tiene la duda de si o transmitir o donar la farmacia. La solución no es unívoca porque depende en gran medida del tema impuestos, de cuántos hijos tiene farmacéuticos y de su situación económica.

Si se decide a donar se plantea una situación interesante: ¿pueden los hermanos impugnar esa donación?

Pensemos en esos casos (que todos conocemos) donde el bien patrimonial importante del titular es la oficina de farmacia, siendo el resto de los bienes, si los hay, de menor cuantía. Además, ocurre también que todos los hijos no estudian Farmacia, por lo que la posibilidad de donar o trasmitir la farmacia a todos ellos es inviable desde el punto de vista legal, dado que la titularidad y la propiedad deben ir de la mano.

No hay duda que el titular puede donar la farmacia a uno de sus hijos en cuanto que es de su propiedad, pero esto tiene una limitación prevista en el Código Civil que afecta al futuro. Dice el art. 636 “No obstante lo dispuesto en el artículo 634, ninguno podrá dar ni recibir, por vía de donación, más de lo que pueda dar o recibir por testamento. La donación será inoficiosa en todo lo que exceda de esta medida.”

Esto significa que los hijos del titular de farmacia no pueden verse perjudicados económicamente al tiempo de la sucesión porque éste decidiera en vida donar toda la farmacia a uno de ellos, el que estudió la carrera de Farmacia.

Entonces, ¿qué pasa?:

1. Antes del fallecimiento la donación tiene plenos efectos dado que sólo procede determinar los bienes de la herencia y liquidarla cuando se produce la muerte. Por tanto, mientras siga vivo el padre, la farmacia podrá ser explotada por el hijo donatario, sin que los demás puedan reclamar en este momento nada. En este sentido debe quedar claro que la donación realizada en vida es plenamente válida y eficaz.

2. Una vez fallece el padre la cosa cambia. Aquí es donde deben traerse a colación los bienes del fallecido y no sólo los actuales sino también los que haya donado a sus hijos en vida. Con todo ello ha de procederse a hacer la liquidación de la herencia, pero debe quedar claro que la propiedad de la farmacia que tiene ya uno de los hijos no puede tocarse por sus hermanos, porque se donó en vida. Es decir, el padre al donar se aseguró que la farmacia fuera en el futuro explotada por el hijo y no vendida como un bien más de la herencia.

3. Sin embargo hay un pero, que es el siguiente. Si los bienes aparte de la farmacia son escasos y la herencia de los hijos no farmacéuticos se queda diezmada, lo que estos pueden hacer es reclamar al hijo que recibió la farmacia una compensación. En este sentido el CC dice en el art. 654 que “Las donaciones que, con arreglo a lo dispuesto en el artículo 636, sean inoficiosas computado el valor líquido de los bienes del donante al tiempo de su muerte, deberán ser reducidas en cuanto al exceso; pero esta reducción no obstará para que tengan efecto durante la vida del donante y para que el donatario haga suyos los frutos. Para la reducción de las donaciones se estará a lo dispuesto en este capítulo y en los artículos 820 y 821del presente Código.” La consecuencia directa de este precepto es que el hijo que recibió la farmacia seguirá como propietario de la farmacia pero deberá pagar a los hermanos por lo que recibió de más y, en este caso, el gran problema siempre es la valoración de la farmacia (ver mi post sobre el tema) y cómo se paga a los hermanos.

4. Para evitar esta situación hay una salida inteligente (y muy recomendable) que es la otorgación de testamento por parte del farmacéutico donante. En el testamento se puede dejar reflejado cómo debe compensarse a los hermanos no favorecidos con la donación y esto puede ser en dos momentos, en vida del otorgante o una vez haya fallecido. Es decir, con el testamento se puede resolver la situación en vida o dejar puestas las reglas para la compensación en el futuro, constituyendo en este caso la voluntad del padre farmacéutico donante.

Si quieres un consejo más personal, no dudes en contactar conmigo en el correo: isabel.marin@farmaciayderecho.com

 

Luces y sombras sobre los contratos de cuentas en participación en la Farmacia (Parte II)

La firma de un contrato de cuentas en participación es una fórmula de financiación para la compra de la farmacia cuyas características ya se expusieron en un post anterior y en el que terminé diciendo que se generan problemas porque el papel casi todo lo aguanta.

Por ello he aquí algunas pinceladas de algunos de los problemas que surgen cuando se firman estos contratos.

1. La calificación del contrato.- En ocasiones se considera que se ha firmado un contrato de cuentas en participación y no ha sido así (con las consecuencias económicas y fiscales correspondientes) ya que calificar al contrato como cuentas en participación no lo convierte necesariamente en tal. El contrato debe realizarlo alguien que sepa bien qué es un contrato de cuentas en participación, cuáles son sus características y cómo está regulado e interpretado jurisprudencialmente. No se puede recoger en el mismo todo lo que quieren las partes, sin límite alguno, y poner como título “Contrato de cuentas en participación” para darle esa validez.

2. La conexión entre normativa mercantil y farmacéutica.- El contrato de cuentas en participación en la farmacia tiene que respetar la normativa farmacéutica, lo que implica que la redacción del contrato ha de realizarla quien conozca el derecho farmacéutico, no olvidando que la oficina de farmacia es un establecimiento sanitario sujeto a plantificación y a normativa propia. Obviar las especialidades de la farmacia en el contrato implica en ocasiones problemas relevantes.

3. Las responsabilidades del titular de la farmacia.- En el contrato de cuentas en participación el farmacéutico titular es quien toma las decisiones relativas a la explotación de la farmacia. Esto incluye cuestiones diversas como son: qué se compra, a quién se compra, los cambios en la farmacia (mobiliario, programa informático, ordenadores…) cuándo se considera preciso tener empleados y a quién se contrata. Si el partícipe, es decir, quien pone el dinero, toma decisiones de organización empresarial el titular farmacéutico puede incurrir en problemas porque, a todos los efectos, el responsable de las compras o de las contrataciones es él y, por tanto, es quien tendrá que pagar y asumir las responsabilidades frente a posibles reclamaciones de cantidad o inspecciones de trabajo.

4. Claridad en las obligaciones y derechos de las partes.-El partícipe tiene que tener claro en qué consiste su intervención en la farmacia y que no es en ningún caso socio o cotitular, y ello a pesar de que su aportación consista en el importe total del precio del traspaso de la farmacia. Conviene por ello que el contrato contemple las formas en las que el partícipe interactúa con el titular de la farmacia en el marco del contrato de cuentas en participación.

5. Sobre las cuestiones económicas y fiscales.- Con el contrato de cuentas en participación no se genera una sociedad mercantil propiamente dicha, ni tampoco se constituye un préstamo. Por eso las partes deben ser conscientes de qué es este contrato y cómo les afecta desde el punto de vista económico, (p.e. el reparto de beneficios, entre otras) y fiscal (cómo han de tributar ante la Agencia Tributaria, sabiendo que no es estrictamente una sociedad mercantil). Las cuestiones más relevantes en este aspecto económico y fiscal deben venir reflejadas en el contrato para que posteriormente no haya reclamaciones económicas entre las partes sobre la base de una diferente interpretación del contrato.

Quiero comprar o vender una farmacia pero, ¿cómo se calcula su precio?

¿Quieres vender o comprar una farmacia?

El propietario titular de la oficina de farmacia que decide vender su negocio está en realidad traspasando el derecho de apertura (la licencia), en su caso, el local con sus enseres (mobiliario, ordenadores, etc) y el stock de medicinas y parafarmacia.

cuánto cuesta una farmacia
cuánto cuesta una farmacia

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Luces y sombras sobre los contratos de cuentas en participación en la Farmacia (parte I)

Los contratos de cuentas en participación en las oficinas de farmacia han sido puestos en primera línea de actualidad por el empresario Dorribo, en el caso Campeón. Sin embargo es una fórmula de financiación para la compra de la farmacia que no es descabellada, siempre que se tengan muy claros determinados conceptos entre las partes, que así quede acreditado en el propio contrato y que no se olviden las especialidades normativas de las oficinas de farmacia.

¿Qué es un contrato de cuentas en participación?

Dice el Código de Comercio que “Podrán los comerciantes interesarse los unos en las operaciones de los otros, contribuyendo para ellas con la parte del capital que convinieren, y haciéndose partícipes de sus resultados prósperos o adversos en la proporción que determinen.”

Se trata por tanto de una forma de conseguir financiación por el que será titular de la farmacia (gestor), sabiendo que aquel que aporta capital (partícipe) lo que recibe a cambio no son intereses, sino un porcentaje de los beneficios generados por el negocio.

¿Cómo se hace el contrato de cuentas en participación?

No es necesaria ninguna solemnidad. Puede contratarse privadamente de palabra o por escrito, pero lo relevante es que pueda probarse su existencia por cualquiera de los medios reconocidos en Derecho, lo que determina que, en la práctica, deban revestir la condición de escritos. No es preciso darle solemnidad ante el Notario.

En consecuencia, firmar un contrato de cuentas en participación es fácil, pero lo relevante siempre es su contenido, que deberá ajustarse a la normativa mercantil y farmacéutica.

¿El contrato de cuentas en participación es un préstamo?

No es un préstamo. El partícipe pone un capital en el negocio (farmacia) y a cambio recibe un porcentaje de los beneficios, según lo pactado, es decir, el partícipe asume un riesgo con una expectativa de ganancia. El farmacéutico (gestor) no tiene que devolverle la cantidad invertida, sino aplicarla al negocio, de acuerdo con lo pactado en las cuentas en participación.

¿Con el contrato de cuentas en participación se crea una sociedad?

No. No se crea una sociedad mercantil con personalidad jurídica propia. Las cuentas en participación no son una sociedad civil, comunidad de bienes, sociedad profesional o de otro tipo. Se trata una fórmula asociativa para conseguir, en el caso de las farmacias, financiación por el que será titular-propietario y beneficios por el inversor o partícipe.

¿El partícipe puede tener la propiedad de la farmacia en razón del contrato que se firme?

No. En el contrato de cuentas en participación no puede negociarse que el inversor o partícipe adquiera la propiedad de la farmacia, ni siquiera de un porcentaje, ya que si así fuera, la cláusula será nula por ilegal, y ello con independencia de que el contrato fuera exclusivamente privado.

El partícipe debe tener la certeza de que no tiene la propiedad y que no puede reivindicarla.

¿Cómo puede controlar el partícipe que el farmacéutico no le engaña?

El inversor o partícipe ha puesto un dinero en la farmacia con la expectativa de que esta va a generar beneficios y, de acuerdo con lo negociado, recibirá información de cómo evoluciona la farmacia, de igual manera que, también según lo pactado, irá recibiendo sus beneficios.

Sin embargo, debe quedar claro que el partícipe no puede gestionar la farmacia ni decidir sobre contratos laborales ni compras o ventas. El gestor, quien decide sobre la farmacia, es siempre el farmacéutico. Quien decide a qué distribuidora comprar es el farmacéutico; hacer los pedidos le corresponde también a él; la gestión económica de la farmacia es exclusiva del titular.

Por tanto, en este contrato de cuentas en participación en la farmacia el inversor o partícipe es y debe ser un “convidado de piedra” que sólo aparece para recibir sus beneficios y debe confiar en la gestión del farmacéutico.

¿Cuál es el gran problema?

El gran problema es que el papel todo lo aguanta. El contrato firmado entre las partes, es privado, no precisa pasar por el Notario, no tiene control de Sanidad, ni de los Colegios Profesionales. Por ello, el farmacéutico, ávido por tener farmacia, firma en ocasiones contratos que, bajo la apariencia de las cuentas en participación, incluyen cláusulas claramente ilegales, que le pueden generar en el futuro grandes problemas, que se analizarán un próximo post.