Tengo que proteger mi patrimonio más allá de la farmacia

Todo el sector conoce la actual situación que están atravesando muchas farmacias españolas debido a los impagos de las Administraciones y por ello hay que plantearse, desde mi punto de vista, algunas cosas que pueden ayudar a algunas boticas y sus propietarios:

1- Hay farmacias que entran en concurso de acreedores por el impago de la Administración, lo que debiera tener una consecuencia política y económica para los (mal) gestores. Pero esto tiene su tiempo y la farmacia mientras tanto pasa de manos a través de subastas. Esa vía de reclamación queda abierta para un futuro, es incierta y no da de comer hoy, así que han de adoptarse otras medidas adicionales.

2- Ya que la actual situación no está generada por el farmacéutico titular, éste lo que debiera hacer es intentar protegerse lo máximo posible y salvaguardar su negocio lo más que pueda, porque guste o no la farmacia es un negocio y como tal debe gestionarse. Por lo tanto las acciones deben tener dos direcciones: la farmacia y el propio patrimonio.

3- Empezando con la farmacia, ha de asumirse que considerar la botica un negocio no es rebajar la condición sanitaria del establecimiento. A nadie se le ocurre cuestionar la condición sanitaria de un hospital y sin embargo es una sociedad, una persona jurídica: su organización económica se organiza en base a un plan económico y sus socios no responden con sus bienes personales. En la farmacia se debe empezar a pensar que una sociedad, ser una persona jurídica no es mala opción. Hay que abrir la mente a otras formas de organización y gestión económica-empresarial.

4- Sabemos que al día de hoy la farmacia no puede ser SL, ni SLP ni SA, pero alguna de las actividades que se desarrollan en la farmacia sí pueden canalizarse a través de esas vías. Separando puede salvarse una parte del negocio y puede limitarse la responsabilidad de parte de la farmacia. Aquí entra en juego más la valoración de mantener el negocio y limitar su afectación por la farmacia, que el estrictamente fiscal.

5- Desde la perspectiva del farmacéutico titular, éste tiene que ser realista y saber que si está casado en régimen de gananciales responde con todos sus bienes por las deudas de su farmacia (que no es una persona jurídica) Por ello, aunque cueste pagar en el Notario y Registro de la Propiedad la liquidación de la sociedad de gananciales (que es diferente del divorcio) compensa dejar a salvo al menos la mitad del patrimonio familiar, ya que una vez hecha la separación de bienes la parte del cónyuge deviene intocable para el pago de las deudas de la farmacia. Esto significa también que el cónyuge que está en separación de bienes, no debe avalar, porque si no volvemos al inicio: se responde con todo el patrimonio patrimonial de la familia.

6- También el farmacéutico titular debe ser realista con su propia situación económica, de modo que, desde mi punto de vista, es un error descapitalizarse para ir pagando las deudas de la farmacia si no hay un plan de negocio o de acción claro en el futuro que sea diferente del que ha generado las deudas. Es decir, si los ahorros se los traga la farmacia pero no se hace nada para que cambie la gestión del negocio, se seguirán generando deudas y el titular estará condenado a vender su farmacia o se la embargarán por entrar en concurso de acreedores y, al final de una larga vida de boticario no tendrá nada. Por ello, antes de seguir inyectando los ahorros en la farmacia ha de pensarse qué se va a cambiar y cómo se puede evolucionar. Esta reflexión debe ser hecha en primera persona y no hacerla depender de los pagos de la Administración ni de subvenciones. Hay que ponerse unas gafas diferentes para ver la farmacia y su potencial, adoptando riesgos empresariales.

7- Dado que el patrimonio del titular siempre queda afectado por la actividad de farmacia, es interesante que parte del mismo se pueda poner a salvo, porque el titular si se queda sin la farmacia o ha de responder de grandes deudas (ahora generadas casi siempre por impagos) tiene que seguir viviendo.

En definitiva, estamos antes tiempos inciertos que, se quiera o no, supondrán el cambio de la farmacia que hemos vivido desde hace más de un siglo. Creo que es momento de evolución y quien sepa adaptarse a los nuevos tiempos triunfará. Pero tanto la situación actual de impagos como los riesgos económicos que puedan asumirse han de hacerse dejando atado al menos parte del patrimonio personal, que es el que permitirá seguir viviendo a los titulares una vez concluida la etapa de la farmacia.

Esto, desde mi punto de vista, merece la pena reflexionarlo.

Por qué el farmacéutico debe tener régimen conyugal de separación de bienes

Cuando una pareja decide casarse, en la vorágine de preparativos, a lo que menos presta atención es al régimen jurídico económico que tendrá su matrimonio a partir de ese día tan feliz. Esto es un grave error, que se acentúa en los supuestos en los que uno de los cónyuges es profesional, como un farmacéutico.

Es conocido por todos que hay dos regímenes económicos matrimoniales: ganaciales y separación de bienes. El primero opera por defecto en el territorio español, (salvo en ciertas Comunidades Autónomas como Cataluña, Aragón o Baleares),  lo que significa que si no se otorgan, ante Notario, capitulaciones matrimoniales en las que se acuerde el régimen de separación de bienes, las partes estarán sujetas al régimen de gananciales.

A pesar de que parece en muchos casos que plantear la opción de la separación de bienes antes de la boda es casi empezar a pensar en el divorcio, debe quedar claro que este régimen precisamente busca y persigue la estabilidad y aseguramiento del patrimonio de la pareja, lo que cobra especial notoriedad en casos de responsabilidades profesionales.

No debe olvidarse que el matrimonio es una sociedad, por lo que si hay gananciales todo el patrimonio entra en “un saco común”, lo que implica que si uno de los socios (cónyuges) incurre en alguna responsabilidad o le exigen legalmente una cantidad importante de dinero, todo el patrimonio se verá afectado;  las deudas no distinguirían entre cónyuges. Por el contrario, en caso de tener separación de bienes sólo el cónyuge responsable o deudor verá mermado su patrimonio, dejándose a salvo el patrimonio del otro cónyuge.

 Hoy en día considero que todos los profesionales deberían tener separación de bienes y esto se puede pactar, no sólo antes de la boda, sino en cualquier otro momento posterior.