Hacia la farmacia del siglo XXI

No cabe duda que el farmacéutico es una pieza indispensable en nuestro Sistema Nacional de Salud y, por ello, a nadie se le puede pasar por la cabeza pensar en que desaparezcan las farmacias o en que el farmacéutico se sustituya por una máquina de vending.  Necesitamos al profesional farmacéutico porque, más allá de dispensar la receta, realiza una función sanitaria muchísimo más amplia, que no puede ser obviada ni tapada bajo la excusa de la crisis económica o de las reformas interminables.  El farmacéutico, que ha estudiado toda una licenciatura universitaria (la de 5 años), es un profesional sanitario indiscutible, es necesario, está en primera fila de acción, en contacto directo permanente con el paciente, del que tiene su confianza, y como tal está contemplado en la normativa vigente. El “consulte a su farmacéutico” mejora y salva vidas todos los días.

Pero, ¿qué está pasando en el sector de las farmacias?

La actual situación económica está generando el acoso, en términos meramente económicos, al sistema tradicional de remuneración de la función sanitaria del farmacéutico (basado en la dispensación de la receta) y, ligado a ello, se abre el debate sobre la necesidad de replantear la farmacia ampliando la cartera de servicios y la conveniencia (o no) de dar a conocer su amplia función sanitaria (lo que en otros sectores se llama marketing o campaña de imagen, que no publicidad).

De esos debates surge la necesidad de argumentar sobre el cambio del actual sistema de farmacia, pero esto ha de tratarse con sumo cuidado ya que hasta la fecha ha funcionado de forma impecable y todo lo bueno ha de mantenerse, ha de lucharse por ello. Dicho de otra manera: si funciona es mejor no cambiarlo mucho. En este sentido, por tanto, el cambio debe ir ligado a afianzar y trasmitir de mejor manera la gran función del farmacéutico, que ejerce como un profesional de indudable valor, sin perjuicio de que su remuneración evolucione hacia otros derroteros como cobrar por sus servicios y funciones efectivamente desarrolladas o ejercidas.

Es cierto que las medidas que se han llevado a cabo en la farmacia tienen un resultado inmediato en las cuentas nacionales y autonómicas (p.ej. hoy se reduce el precio del medicamento y el mes que viene tenemos un resultado económico constatable y constrastable, pero es similar el resultado si se habla de bajada de márgenes, o de precios menores o más bajos) y esto gusta de contar porque es un “logro económico”. Políticamente, por tanto, se saca un rédito importante casi sin esfuerzo y esto no es ajeno a ningún partido político. Sin embargo, la farmacia es mucho más y no se puede poner en riesgo su existencia y su función sanitaria, por lo que se necesita una reforma del sistema aprovechando todo lo bueno, que es mucho.

El farmacéutico ha sido siempre una persona tranquila, no beligerante, no amigo de huelgas y manifestaciones, parapetado detrás de su bata blanca y haciendo su trabajo con vocación, entre cada vez más burocracia que no genera beneficio alguno al paciente, pero tampoco a él. Esto ha sido así porque el farmacéutico es ante todo un profesional y no busca el aplauso. Sin embargo, las medidas políticas adoptadas en los últimos tiempos están cambiando algunas cosas y por eso es el momento de comenzar la nueva era de la farmacia: la farmacia del SXXI.

Autor: Isabel Marín Moral

Abogada especializada en Derecho Farmacéutico, protección de datos y nuevas tecnologías.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.