Pendientes y piercing en la Farmacia. Reflexiones, preguntas y silencios.

Hace unos días leía que el COF de Madrid quiere que sus colegiados tengan un protocolo para poner pendientes. Me parece una gran idea porque realmente existen importantes problemas de responsabilidad, pero más allá creo que hay cosas que tener en cuenta y que dejo para reflexionar. ¿Qué pendientes? ¿Pueden ponerse piercing? ¿Es lo mismo? ¿Puede hacerlo la farmacia? ¿Es importante la edad?

Pendientes- piercing photo credit: Just a nother kind of mask via photopin (license)

Antes de nada sí quiero aclarar que en este tema se entra de lleno en normativa autonómica y que aquí voy a hablar de cómo está en general la situación.

Además, no voy a adentrarme en temas tan relevantes como que son imprescindibles los consentimientos y que cualquier puesta de un pendiente puede generar problemas sanitarios con las consiguientes responsabilidades.

Qué es un pendiente y qué es un piercing

La primera cuestión es definir qué es un pendiente y qué es un piercing. Pues bien, la Real Academia Española de la Lengua no contempla la palabra piercing, sino sólo pendiente y lo define así: «5. m. Arete con adorno colgante o sin éL. 6. m. Joya que se lleva colgando.»  No dice que tenga que estar en la oreja, en el ombligo u otra parte del cuerpo, ni habla de técnicas. Así que lo que llamamos piercing en inglés es en nuestra lengua un piercing.

Qué dice la normativa autonómica

Las normativas autonómicas que regulan los centros no sanitarios de tatuajes, micropigmentación, piercings u otras técnicas similares, que es donde habitualmente se hacen los piercings, ponen pendientes, se hacen dilataciones y, cómo no, se tatúa hasta el último centímetro del cuerpo, no diferencian entre pendientes y piercings.

Por ejemplo: En Madrid: el Decreto 35/2015 define: «Piercing y prácticas similares: Procedimiento de decoración del cuerpo humano consistente en la perforación de cualquier parte del cuerpo, con la finalidad de prender en la misma objetos de metal u otros materiales». En Castilla y León El Decreto 44/2003, de 15 de abril define «el anillado o perforado («piercing»)» como el “procedimiento de decoración del cuerpo humano con joyas u otros objetos que consiste en la sujeción de éstos al cuerpo atravesando la piel, mucosas y otros tejidos corporales”.

Y así podemos ver diferentes normativas autonómicas que no diferencian entre pendiente y piercing. Una excepción es Cataluña donde sí hay una aclaración en el Decreto 90/2008, de 22 de abril: «Piercing: procedimiento de decoración del cuerpo humano consistente en la perforación de piel, mucosas u otros tejidos con la inalidad de colgar joyas y objetos de metal. Queda excluida de la definición de piercing la perforación del lóbulo de las orejas mediante la técnica de sujeción del pendiente de manera automática, estéril o de un solo uso

Visto que la normativa específica de centros autorizados no sanitarios no diferencian a mí se me hace difícil afirmar de forma rotunda que un pendiente es sólo aquel que va en el lóbulo de la oreja y que si sube un poco más ya estamos hablando de piercing. Más lógico es lo que dice la normativa catalana donde es importante la técnica, pero esto no lo contemplan todas las normativas autonómicas.

En fin, podríamos pensar que en estos centros de tatuajes no se ponen pendientes y que eso es cosa de farmacia, pero no es cierto, porque en ellos se ponen pendientes y están expresamente regulados, a diferencia de la farmacia donde los límites no están claros: ¿qué pasa si la farmacia pone un pendiente en el lóbulo de la oreja y se inicia una dilatación? ¿lo llamamos piercing o pendiente? ¿Y si ya hay un pendiente y ponemos un segundo, éste es un piercing? Y así podríamos seguir haciéndonos preguntas.

Normativas de ordenación farmacéutica

Un problema añadido que tenemos es que tampoco las normativas de ordenación farmacéutica dicen que la farmacia puede poner pendientes en el lóbulo de la oreja pero no en otros sitios del cuerpo, incluida la parte superior de la oreja. Tampoco se hace diferencia entre si lo que se perfora es cartílago o es carne o hueso. Ni se dice que un piercing es curvo o no.

En fin, que si miramos normativa, podemos cuestionarnos muchas cosas y concluir que  estamos ante una situación compleja.

La costumbre en la puesta de los pendientes

Ahora bien, por costumbre, que también es fuente de la ley, en la farmacia siempre se han puesto pendientes y estos se ponen en el lóbulo de la oreja, porque también esa ha sido la costumbre y esto es algo cultural, tan cultural como las dilataciones de las orejas y labios que se hacen en algunas zonas africanas. Podemos afirmar sin lugar a duda que ha sido costumbre poner pendientes a las niñas nada más nacer, aunque si somos objetivos esos pendientes no son más que piercings.

Por tanto, si tenemos que justificar que se ponen pendientes en la farmacia es por la costumbre, no porque una ley expresamente habilite para ello (al menos como regla general), de la misma manera que antes en los centros hospitalarios públicos también por costumbre se los ponían a las recién nacidas, aunque ahora no lo suelen hacer.

Otra cuestión diferente es responder a las siguientes preguntas: ¿Poner un pendiente es un tema de salud? ¿O es un tema estético? Y si es estético, ¿es competente la farmacia? ¿Dónde ponemos el límite? ¿Es igual ponérselo a un bebé que a un adulto? ¿Cubre el seguro de responsabilidad civil poner pendientes? Si lo consideramos de salud pública ¿puede poner entonces la farmacia tatuajes? ¿Cómo y dónde ponemos el límite?

En fin, tema complejo, con una gran dosis de costumbre y connotaciones culturales.

Recuerda que siempre puedes contar con nosotros para temas legales. Contacta con nosotros en info@farmaciayderecho.com

6 comentarios sobre “Pendientes y piercing en la Farmacia. Reflexiones, preguntas y silencios.

  1. Ricard Contestar

    Es un tema complicado, la principal objeción que ponemos desde los estudios de piercing y tatuajes a la realización de perforaciones en farmacias es que se utiliza una pistola perforadora, que no puede desinfectarse correctamente y que produce un micro desgarro del tejido que trae consecuencias posteriores como una curación más lenta y la posible aparición de queloides.

    En los estudios de piercings y tatuajes siempre se usan agujas con el grosor correcto para evitar que se den esos casos.

    En el tema ético se da la paradoja de que muchos padres hacen perforaciones a sus hijas cuando son bebés, evidentemente sin su consentimiento, pero cuando estos niños tienen uso de razón y quieren hacerse alguna otra perforación no se les permite, algo totalmente contradictorio. Esto abre el debate sobre la pertenencia del cuerpo y las limitaciones que imponen los padres.

    • Isabel Marín Moral Autor del artículoContestar

      El debate último que planteas es muy interesante. Existen países en los que no se pueden poner pendientes, piercings o tatuajes a niños pequeños, precisamente por el derecho que tienen a la integridad del cuerpo, sobre el que los padres no pueden intervenir. Como digo, debate muy interesante, pero también lleno de prejuicios y costumbres sociales.

    • Joan Contestar

      Estimado Ricard, no puedes generalizar sobre las pistolas de pendientes, pues las hay sin contacto con el paciente sobre soporte estéril de un solo uso, por ejemplo Iverness 2000, aunque hay más. El tema del desgarro, hasta donde yo he podido averiguar no está demostrado que la aguja haga más o menos desgarro que un buen sistema de pistola con pendientes adecuados. Habrá quien use pistola y haga un desastre o use una mala pistola (el criterio profesional de cada uno es el que es por desgracia) y habrá el que use aguja o abbocath y haga un desastre o use una mala marca con poco filo por ahorrarse unos céntimos o por no comprobar las características. Pero ¿Dice la ley o la ficha técnica o alguien con competencias en el ámbito de las indicaciones sanitarias que una aguja o abbocath están autorizados para usar en la colocación de pendientes? Por que la autorización de comercialización de las pistolas sí es específica de colocación de pendientes.

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